• Aniol Rafel

  • "Hay cosas que nosotros solos, por tamaño, no podríamos hacer, pero juntos sí."

  • P: ¿Qué debe tener un libro para formar parte del catálogo de Periscopi?

    R: Para empezar debe ser buena literatura. Debe interpelarnos como lectores y hacer que se nos mueva la fibra. Además procuramos que sean obras que de algún modo sacudan nuestra visión del mundo. Que una vez leídos nos permitan ver la realidad que nos envuelve des de otra perspectiva.


    P: El diseño de las cubiertas de Periscopi es inconfundible. ¿Poner el texto de contracubierta delante era una idea fija desde el principio?

    R: Es una idea que fuimos trabajando con nuestro diseñador, Tono Cristòfol, cuando empezamos a valorar diversas propuestas para ver qué imagen debíamos tener.

    Sabíamos que las librerías tienen un exceso de oferta por parte de las editoriales. El espacio que disponen para las novedades va muy caro, cuesta mucho que un libro se mantenga en la mesa de destacados.

    Teníamos algunas cosas claras: queríamos que la línea gráfica reforzara nuestra voluntad de apostar por contenidos de calidad y, a la vez, modernos y elegantes. De algún modo queríamos decirle al lector que estábamos haciendo algo diferente. Decirle que había un contenido bien escogido y trabajado.

    A partir de estas ideas, valoramos distintas propuestas –algunas de más convencionales, otras más locas- y acabamos llegando a la que tenemos actualmente. Nos parecía muy acertada, ya que ponía en valor el texto, que en el fondo es lo que ofrecemos y, además, nos permitía elaborar una imagen gráfica con la cual era muy fácil que el lector nos identificara.

    Además, los gurús del márquetin editorial siempre dicen que has de conseguir que los lectores giren el libro para leer la contra. Nosotros ya lo hacemos por ellos.

     

    P: ¿Cuál es el factor que permite que una editorial independiente como la vuestra publique el mismo título que un gigante editorial como Penguin Random House?

    R: Los mercados a los que nos dirigimos son de dimensiones muy distintas. Por lo tanto, autores que para un gran mercado no podríamos acceder, en catalán sí que tenemos la opción.

    Al final, tanto ellos como nosotros hacemos nuestros números. Lo que pasa es que con editoriales que tienen unos costes de infraestructura importantes, para poder hacer el libro y que les salga a cuenta deben tener unas perspectivas comerciales que lo compensen. En un mercado más o menos grande como es el castellano eso no debería ser un problema, pero en un entorno más pequeño, como el catalán, empieza a serlo. Esto provoca que editoriales como la nuestra, que no tenemos muchos costes de estructura, podamos editar libros que a priori no son tan comerciales.

     

    P: Habéis publicado Solenoide, de Mircea Cartarescu, libro que ya ha entrado automáticamente en la categoría de clásico contemporáneo. ¿Cuál fue el proceso de edición de este título?

    R: Todo esto empezó hace ya mucho. Conocíamos la obra de Cartarescu desde hacía un tiempo gracias a la labor editorial de Impedimenta, quien ya publicó prácticamente toda su obra.

    En su momento vino la traductora con la propuesta de publicar a Cartarescu en catalán. A partir de allí empezamos a hablar con Enrique Redel, editor de Impedimenta, quien nos dijo que el siguiente libro que estaba mirando de publicar era el Solenoide. Nos gustó la idea de publicar por primera vez a Cartarescu en catalán con una obra de 900 páginas.

    Dadas las dimensiones del libro, tuvimos mucho trabajo y su edición entrañaba ciertos riesgos, pero estamos muy contentos con los resultados. Lo consideramos un ejemplo perfecto del tipo de libro que nos gusta editar.


  • P: Como ya sabes, Libelista es un proyecto que agrupa esfuerzos de librerías independientes para ser más grandes en un entorno tan agresivo como es el del mundo digital. De la misma forma, en Llegir en català agrupáis editoriales independientes para tener más presencia frente otros agentes, grupo del cual participaste en su fundación. ¿Considerabas que este era un proceso vital para Periscopi?

    R: Sí. Hay varios motivos por los que vemos necesario pertenecer al grupo, pero el primero fue precisamente el de solucionar el problema de la visibilidad. Hay cosas que nosotros solos, por tamaño, no podríamos hacer, pero juntos sí. Uno de los ejemplos más claros es el catálogo conjunto que realizamos dos veces al año y que nos permite hacer encuentros con libreros y presentar nuestras novedades. Si hiciéramos eso individualmente no tendría ningún sentido porque no puedes convocar a los libreros para hablar de dos o tres libros. Al final se trata de poder hacer acciones de gran editorial sin serlo.

     

    P: Tiramos de hemeroteca: En el 2012 hiciste una entrevista al Núvol, justo cuando empezabas con Periscopi, en la cual explicabas el origen del nombre, y aprovechaste para resumir el objetivo de la editorial con un “buscar más allá de lo que es evidente”. Han pasado 6 años, ¿sigues creyendo que ese es el gran objetivo editorial?

    R: Por supuesto. Todo lo que hemos construido en este tiempo es coherente con ese objetivo. El mercado catalán tenía -y tiene- algunas deficiencias, y la labor que realizamos desde Periscopi y otras editoriales amigas es aportar esas obras importantes que han sido descatalogadas o que directamente nunca llegaron a nuestro idioma. Son voces importantes que deben existir en catalán. Estas apuestas no son el bestseller de turno. Debe tener esos valores literarios que mencionábamos antes. Obviamente tenemos que hacer números y ver si el proyecto es viable, pero nos importan otras cosas.

     

    P: ¿Dirías que el camino que has seguido desde entonces ha sido muy diferente a como te lo imaginabas en un principio? ¿Te has encontrado con alguna cosa que no esperabas?

    R: Siempre vas un poco a ciegas. Por más que dibujes un plano y creas que las cosas irán por un lado, en el fondo eres consciente que pisas terreno desconocido. Dicho esto, han pasado cosas que nos han acercado mucho al escenario optimista que nos planteábamos, y en menos tiempo del esperado. Seguramente los dos Premis Llibreters que hemos recibido (el de 2014 por el libro Ànima, y el de 2015 por Gegants de Gel) nos permitieron conectar muy bien con los tejidos libreros, culturales y, sobre todo, con los lectores.


  • P: ¿Qué no puede faltar en tu librería favorita?

    R: Un buen librero. Por suerte hoy en día hay muchos. De hecho opino que lo que nunca debe hacer una librería es deshumanizarse. Ese librero que hace la función de prescriptor, casi activista cultural, que conoce a su parroquia, es indispensable para una librería. Además también es importante contar con una selección personal del fondo, con la cual como lector conectarás más o menos.

     

    P: ¿Tienes algún ejemplo de esta librería que me describes?

    R: Ahora vivo en Girona y la Llibreria 22 será en la que me veréis más. Cuando voy a algún sitio en el que no he estado antes, lo primero que hago es visitar las librerías del lugar y, muchas veces sin identificarme como editor, me dedico a pasear y cotillear.

     

    P: ¿Has hecho alguna vez eso que se dice de editores y autores de colocar sus libros en los escaparates y mesas?

    R: (ríe) No, no. Siempre respetamos el espacio en el que buenamente nos colocan.

     

    P: Has trabajado como librero, traductor, corrector y editor. De todos estos trabajos de la cadena literaria, ¿con cuál te has encontrado más problemas?

    R: Todas tienen sus complicaciones. Lo que sí puedo decir es que por haber pasado por todos estos componentes de este auca puedo entender mucho mejor el proceso editorial. Todo esto me ha hecho valorar el trabajo de correctores, traductores y otros agentes directos de la edición de un libro. Sin ellos los libros no serían lo que son.

     

    P: ¿Podrías hacer de librero y recomendarnos algún libro de cara a este Día del Libro?

    R: De Periscopi recomendaría Istanbul, Istanbul. El argumento nos sitúa en una celda subterránea en Estambul donde conviven 4 prisioneros. Por un lado encontramos una línea argumental centrada en su día a día, mientras por otro nos encontramos con los cuentos e historias que se cuentan para pasar el tiempo. Estas leyendas y relatos parecen sacados de Las Mil y Una Noches, o incluso del Decamerón. Es una novela muy poética, luminosa y hasta bonita, que al final de lo que nos habla es del poder de la imaginación, todo escrito bajo la forma de una carta de amor a Estambul llena de simbolismo. Es una experiencia literaria de lo más golosa.

    Para los que le gusta el ensayo, recomendaría un título que hemos publicado hace poco y que se llama A la cambra fosca (en castellano editado por Anagrama como En el cuarto oscuro). Lo ha escrito Susan Faludi, periodista norteamericana conocida por ser un referente del feminismo y ganadora del Premio Pulitzer. En este libro hace una especie de biografía de su padre, un hombre de ascendencia judío-húngara y superviviente del holocausto. Hace más de veinte años que la autora no tiene ninguna relación con su padre, desde que este se separó de su madre y regresó a Hungría. De repente, su padre, con 76 años, se pone en contacto con ella y le hace saber que se ha hecho una operación de cambio de sexo y que ahora es una mujer. El libro va creando un estudio alrededor de la identidad, no sólo a través de la experiencia de género, sino que también tiene cuenta la política, la religión, el orgullo nacional, la imagen… Al final se crea este prisma que intenta responder a la pregunta de qué entendemos por identidad.

    Más allá de Periscopi os puedo recomendar una novela que se publicó este otoño, Robinson. Es una novela corta que juega alrededor de muchas ideas que me parecieron interesantes. Es la historia de un personaje que cuando sus vecinos se marchan de vacaciones ocupa su casa y vive una serie de aventuras. Es una novela llena de referencias que también nos habla del aislamiento, de la lucidez y de lo que entendemos por normal o no en esta sociedad contemporánea, todo esto explicado con un tono de humor que es habitual en Vicenç.

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