Erika Irusta: “Vivimos desahuciadas de nuestro propio cuerpo”

25/11/2016
  • Erika Irusta: “Vivimos desahuciadas de nuestro propio cuerpo”

  • Salgo de la redacción con Diario de un cuerpo (Catedral) en mi mochila. Cuatrocientas veinticinco páginas me acompañan hasta un hotel céntrico donde a las diez me encontraré con Erika Irusta. Llego excesivamente temprano, serán los nervios. ¿Soy un cuerpo preparado para realizar mi primera entrevista? ¿Son periodistas toda esa gente que se concentra delante de la puerta de entrada? Afortunadamente, resultan no serlo, aunque son los causantes del gran alboroto que de repente me rodea. Así va a ser imposible… Una pelirroja, que resulta ser Erika -¡la esperaba rubia, tal y  como aparece en la cubierta de su libro!- me ofrece hacer la entrevista en su habitación. Finalmente, seguramente por cuestiones de imagen, el hotel nos ofrece una pequeña sala. Y, de repente, todo se vuelve sencillo. Erika es una chica joven, de ideas claras y con un discurso tan preciso como potente. Y cercana. Y también muy cálida. Tanto, que me parece estar hablando con la hermana mayor que ya nunca tendré.

     

    Marina Gómez: ¿Qué es Diario de un cuerpo?

    Erika Irusta: Hay que tener en cuenta que, como autora, seguro que me fijo en aspectos que el resto va a ver distintos. Para mi, Diario de un cuerpo es, como la vuelta al mundo de Verne, un viaje condensado al cuerpo de una mujer, la vuelta al mundo en un total de ochenta y dos días en los que mi cuerpo narra todo lo que estoy viviendo a partir del lenguaje de mis ciclos menstruales, de mis cambios hormonales, de mis subidas y mis bajadas.

    M.G: Se trata, entonces, de un escrito muy personal. ¿A quién va dirigido?

    E.I: El libro está dedicado a los animales vulnerables y, por la manera en la que me expreso, está enfocado o quizá dirigido a animales menstruantes. Pero creo también que tiene un punto fuerte y es que no se trata de un viaje excluyente. Diario de un cuerpo señala cómo es vivir en un cuerpo con determinados cambios hormonales, la experiencia de los seres menstruantes, seamos mujeres o no, y es también la experiencia de otros animales humanos cíclicos.

    M.G: ¿Crees que es también un libro destinado a los hombres?

    E.I: Los hombres también son cíclicos y creo que el libro abarca todo esto. Como he dicho, es un camino de animales vulnerables valientes, que ayuda a entender cómo nos habitamos y cómo nos vivimos. Yo he decidido escribirlo en femenino universal por la experiencia menstruante y por una cuestión de reivindicación, pero se dirige a todos aquellos que tenga la valentía de ir más allá y conectar con el animal cíclico que también son.

    M.G: En tu portal explicas que eres pedagoga menstrual. ¿Existía este concepto antes que tú lo utilizases?

    E.I: La pedagogía menstrual no existe como tal. Bueno, existe porqué yo la he inventado, pero no es algo que esté acuñado. (Ríe). No existe universidad, facultad ni especialización de carrera de ciclo menstrual: me especialicé en ello estudiando e investigando y, sobretodo, haciendo muchos talleres con mujeres, aprendiendo mucho de ellas y mucho de mi. Como pedagoga, me dedico a crear espacios educativos en los que, a través de un método y unas herramientas propias de la pedagogía, podamos aprender y cuestionar la aventura en la que habitamos, conocer nuestro ciclo hormonal y ser capaces de habitar nuestro cuerpo. Al no existir un término desde la educación ni la cultura, generé la pedagogía menstrual para acotar todo el trabajo que hago y  poder responder a la pregunta “¿Y tú a qué te dedicas?”.

    M.G: Hasta ahora, tu trabajo requería de una mujer concienciada y activa. ¿Piensas que tu libro permite acercar un tema tabú a esta mujer que todavía está construyendo su proceso o que aún no ha decidido dar este paso hacia adelante?

    E.I: Claro, no es lo mismo que lo que hacía hace cuatro años y, sin duda, me parece muy valiente la apuesta de la editorial (Catedral) de querer poner sobre la mesa un libro que de otro modo no hubiera llegado a muchas casas. Siempre he tratado de hacer mucha divulgación para poder llegar a todas, pero existe también el esfuerzo de convertirse en alumna. La estrategia que yo planteo no es la de “te voy a explicar una teoría” sino la de “te voy a enseñar mi cuerpo y, mientras lo hago, nos haremos de espejo”.

  • M.G: ¿Cómo has desarrollado el estudio de tu propio cuerpo?

    E.I: La verdad es que el estudio de mi cuerpo ha pasado por muchas fases. Lo que desencadenó todo lo que he hecho hasta hoy fue el cuestionarme con Alex, mi marido, el tiempo que las mujeres somos fértiles: ¿Por qué tomo pastillas todo el rato si el siempre fértil eres tú? Seguido de eso, compré la copa menstrual y empecé una relación muy diferente con mi cuerpo: ponerme toda la manaza, conocerme, ver la menstruación más allá de lo que aparece en un tampón… Después quise quedarme embarazada y tuve una pérdida. A partir de allí, empezó una de las grandes frustraciones, el obsesivo intento de quedarme embarazada de nuevo. Por aquel entonces, trabajaba con una socia comadrona que me dijo: “Si lo que tienes todo el rato es la regla, pues chica, ¡estudia eso!”.

    Empecé a investigar y encontré el libro de Luna Roja de Miranda Gray; con el tiempo, ha sido importante transcenderlo, pero fue un punto importante para iniciar el estudio de mi cuerpo. Las cosas muy físicas y reproductivas han ido cambiando hasta el cómo siento mi cuerpo, qué tipo de música me gusta y, una de las cosas maravillosas, los diferentes libros que leo en las distintas fases de mi ciclo. Más tarde, compartiendo con mujeres y sobretodo aprendiendo de ellas, me di cuenta que existían ciertos patrones y que, más allá de las explicaciones arquetípicas e incluso esotéricas, me interesaba iniciar una investigación científica. Ha sido un trabajo lento y de fusión que no acaba: cada día es un descubrimiento nuevo.

    M.G: A una autora se le pregunta cuáles son sus influencias. En el tema de la menstruación, ¿es necesario aprender de alguien o preguntas y respuestas surgen de una misma?

    E.I: Mi pasión por la menstruación no viene tanto como proceso fisiológico, que es increíble, sino como pedagoga y crítica cultural. Me apasiona ponerla sobre lo simbólico y lo cultural, hablar de lo que es menstruar en esta sociedad. La menstruación es una cuestión política: somos el único cuerpo sobre el que existen leyes de regulación. Nuestro ciclo hormonal se utiliza como llave de paso. Es necesario un trabajo colectivo y de agentes sociales para abrir un diálogo y generar una cultura de cuidado, una cultura menstrual. No es algo que tengas que hacer sólo tú, es algo que se debe hacer a nivel tanto particular como global.

    M.G: La menstruación es algo que, en tanto que biológico, no solemos cuestionar: todo se da por sabido, o por no sabido, pero nadie suele pensar más allá. ¿Se está empezando a desestereotipar y romper este tabú en nuestra sociedad?

    E.I: Más que romper, creo que estamos empezando a ser conscientes de que la menstruación es un tabú. Lo tenemos como algo “superado”, pero cuando usas esta palabra es que no hay nada superado. No estamos tan lejos de aquellas historias de abuelas que hoy nos hacen reír ni de aquellas culturas en las que la menstruación aparece como el gran tabú: hay niñas que no van a la escuela porqué no tienen artículos de higiene menstrual. Esta es una realidad que el Primer Mundo tiene que conocer y trabajar desde una perspectiva alejada del colonialismo y del prototipo de mujer moderna: “pobrecita, nosotras lo tenemos superado”. Y no. En lo simbólico, la menstruación no es algo que hayamos superado ni que tengamos que superar: hay que ponerla sobre la mesa y creo que estamos en ese punto de ponerla y, sobretodo, evidenciarla.

    M.G: ¿Es Internet uno de los factores que ha ayudado a hacer más visibles las reivindicaciones de las mujeres en lo que a su cuerpo y la menstruación se refiere?

    E.I: Recuerdo el caso Instagram. Lo maravilloso no es que la plataforma censurase la fotografía de la artista paquistaní, sino que dejó en evidencia cómo funcionamos, qué es materia censurable en nuestra sociedad. Y lo que realmente fue un cambio fue la vindicación de tantas personas menstruantes apoyando esta causa. Ya existe este movimiento reivindicativo, no es algo que se quede en casa… Ya hay esta cosa de decir: ¡Coño, es verdad, es un tabú!

    M.G: ¿Es posible un cambio a nivel institucional o, de momento, sólo pasa por espacios alternativos?

    E.I: Me da miedo que esto se de a nivel institucional. Es como la práctica feminista: cuando se la apropia la institución, te encuentras con un feminismo que “¡Ay, Dios mío!”. Mi utopía -yo cabalgo siempre hacia la utopía, es una necesidad que cabalguemos hacia ella- tiene que ver con la práctica de lo menudo y lo corporal. Para este cambio, quiero cuerpos. Vivimos deshabitadas, desahuciadas de nuestro propio cuerpo. Y me da miedo y rechazo algo teórico e institucionalizado porqué estaremos otra vez, y perdóname la expresión, hablando de la misma mierda y encontrando recursos humanos hasta en nuestras bragas. Creo que será un trabajo de mucho tiempo, aquello de “caminábamos lento porqué íbamos lejos”. Para entonces, para el cambio, espero que hayamos transformado la institución neoliberal en la que vivimos por una cultura de cuidado. Entonces sí que sería brutal, pero claro, estoy hablando de algo que yo ya no voy a ver.

  • M.G: Hablando de consumo y de productos, estos días ha habido una verkami que ha tenido mucho éxito: la de “Cocoro”, unas braguitas absorbentes como una alternativa de higiene menstrual. ¿Conoces la iniciativa?

    E.I: Sí y, de hecho, he tenido la suerte de que me enviaron el prototipo hace unas semanas y lo pude utilizar. Es necesario poner sobre la mesa diferentes opciones, que existan posibilidades para poder vivir tu menstruación con productos más allá de los habituales, que son dañinos para el cuerpo y un horror para el planeta. Como sociedad de consumo, acabamos conectando con nuestro cuerpo a través de productos y el hecho que existan alternativas y estén generadas por  y para las mujeres es siempre una cuestión a celebrar.

    M.G: También ha habido una reciente polémica con la píldora anticonceptiva. Un estudio explicaba que la fabricación de anticonceptivos masculinos fue anulada por sus consecuencias sobre la salud del hombre… Consecuencias que también provoca en la mujer. ¿Qué opinas?

    E.I: Hace un tiempo leí un artículo muy bueno que hablaba sobre el origen colonialista y sexista de la píldora anticonceptiva. La píldora la inventó una mujer con el objetivo de gestionar su propia maternidad y la propuesta de base era espectacular, pero hasta ahora sólo ha interesado la parte de la fertilidad y la anticoncepción. La cuestión del cuerpo es algo que podemos replantearnos ahora: los hombres no aceptaron la píldora porqué quien la acepta es la alteridad, los cuerpos de segunda. Y el cuerpo de la mujer siempre se ha expresado cosificado y ha sido entendido como un continente de reproducción… Pero el reproducirse no es lo que determina a un “hombre de verdad”. Me gusta mucho que esta polémica, ocultada hasta ahora, se ponga sobre la mesa y se empiece a entender nuestro ciclo menstrual más allá de la reproducción.

    M.G: Te defines como una escritora cuntwriting… ¿Qué significa?

    E.I: Cuntwriting significa literalmente “coñoescritura”, otro término acuñado por mi misma. En inglés todo suena mejor, más moderno y consolidado, aunque quizá un inglés se escandalizaría al escucharlo. (Ríe). El escribir siempre ha sido considerado una práctica masculina: seguimos tomando expresiones y palabras ajenas que nos ocultan y alejan de nuestra verdad. Cuando empecé a escribir, sentí la imperiosa necesidad de nombrarme de acuerdo a mi misma… La coñoescritura alude al proceso orgánico de escritura de nuestro cuerpo cíclico, un lenguaje no reconocido por la RAE. Yo escribo con mi cuerpo y desde mi cuerpo y no a pesar ni por encima de él, y Diario de un cuerpo es el último fruto de mi trabajo como coñoescritora.




Marina Gómez


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