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Los últimos veinte años, el resurgimiento de las Tierras del Ebro como un territorio político y social—con las luchas medioambientales como detonador— se ha hecho notar, también, en el ámbito de la cultura. Con el río Ebro como pretexto cultural y no solo como accidente geográfico, la literatura ebrense ha tomado protagonismo en el mapa del libro de los territorios de habla catalana. Una nueva mirada que sin dejar de lado los grandes escritores clásicos del sur de Cataluña —como Artur Bladé, Jesús Moncada y Sebastià Juan Arbó- ha contribuido a formar el concepto de literatura ebrense, una terminología conscientemente construida, abiertamente reivindicada, con nombres como Gerard Vergés,Zoraida Burgos, Francesca Aliern, Joan Todó o Marta Rojales y toda una nueva generación de escritores.

Un boom literario que no se tiene que entender como un localismo gremial, sino como un movimiento pluralista que quiere partir una concepción (barcelonesa) de la literatura catalana, demasiado a menudo centralista, monolítica, inamovible. Y este nuevo marco, no ha surgido de la nada. Desde hace dieciséis años, la Feria del Libro Ebrense —un encuentro impulsado por el Centro de Estudios de la Ribera de Ebro, el Instituto Ramon Muntaner, el Ayuntamiento de Móra del Ebro y las tres librerías de referencia en el extremo sur de Cataluña (Librería Bassa, Librería Viladrich y Librería Guaix)- ha sido el eje catalizador de un tipo de Denominación de Origen literaria que se quiere proyectar dentro y fuera de las comarcas centrales de los Países Catalanes, autores y obras del Ebro y su área de influencia (Priorat, el Aragón catalanófono y lo Maestrat, en València). Un trabajo de los agentes culturales, que hoy, ya ha convertido el concepto de literatura ebrense en una marca territorial, pero sobre todo un concepto fresco y de prestigio.





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