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Frases como “La oposición masculina a la independencia femenina es quizás más interesante que la independencia en sí”, de Virginia Woolf, o “No recuerdo haber leído ningún libro que no hable de la inestabilidad de la mujer. Quizás porque fueron escritos por hombres”, de Jane Austen, dan que pensar.

La mujer ha sido objeto de debilidad a lo largo de la historia; En la literatura apenas encontramos más que una figura ama de casa o un ser que apenas puede abastecerse. Si rebuscamos en la historia, observaremos que los héroes siempre tienen nombre masculino y ninguno de ellos siente afecto por la mujer. Eso en el mejor de los casos. Si queremos buscar información sobre la mujer en la época medieval, por ejemplo, o bien pasaremos por textos escritos por hombres donde solo se demuestra una versión o directamente, no encontraremos nada escrito. En conclusión, nuestra historia ha sido relatada por una mitad. ¿Qué ocurre con la otra?

Estados Unidos y Reino Unido fueron los primeros en poner punto y aparte a esta cuestión. Los primeros brotes feministas los encontramos en el siglo XIX en plena calle, reivindicando los derechos y pidiendo justicia apenas con un cartel y un puño en el aire. A muchas les costaron la vida pedir justicia y exigir cambios. A otras, las torturaron por intentar terminar con un silencio que pedía a gritos romperse. Y hasta el día de hoy. Momento en el que podemos “agradecer” muchos de los cambios, pero no los suficientes.

Somos muchas las que seguimos luchando por una sociedad igualitaria. Luchamos porque ambos sexos sean representados iguales. Luchamos para que el futuro sea una lección del pasado. Luchamos para que aquellos países donde es permitido el abuso a la mujer le duelan tanto como a nosotras. Luchamos para que dejen de tratar a la mujer como un objeto por una cuestión cultural. En definitiva, luchamos porque lo natural sea vivir en paz.

El 8 de marzo es el día Internacional de la Mujer, y se ha convertido en un fenómeno internacional desde que millones de mujeres salieron en masa de sus casas para protestar. Es el día en que nosotras somos las protagonistas.

Siempre se ha dicho que la revolución es la manera más idónea si se quiere cambiar el transcurso de la historia. Y en un aspecto tan simple y humano, no es de dudar que se hará.





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